SebastiánVielmas

Ahogándose en casa bajo la lluvia de bombas de Israel

Texto original por Ayah Bashir el 19 de julio de 2014 en inglés: http://electronicintifada.net/content/suffocating-indoors-under-rain-israels-bombs/13602; traducción personal.

Foto por Mohammad Othman / APA images

Tres semanas antes de este ataque, tuve la esperada oportunidad de estar una semana en Cisjordania y los territorios de 1948 (actualmente Israel). Quería escribir acerca de esta maravillosa experiencia de vida y alegría, pero ahora estoy escribiendo sobre muerte y dolor.

Dos días antes del ataque, yo iba a viajar a Ginebra para participar de un curso de formación de verano para el que me había estado preparando por siete meses y que termina hoy. Reservé dos vuelos, desde Egipto y desde Jordania, pero perdí ambos. Los israelíes nunca aprobaron mi solicitud para pasar por el checkpoint de Erez en el norte de Gaza, incluso tras solicitarlo tres veces, y el paso de Rafah, en la frontera sur con Egipto, ha sido cerrado. No estoy yendo al curso, aunque aún recibo emails relacionados con él.

En cambio, estoy viviendo esta guerra.

NO PUEDE SER

Noticias acerca de una guerra que se avecinaba en Gaza llegaban antes de que empezara el 8 de julio. Trabajo para una organización no gubernamental internacional, y el lunes 7 de julio, nuestro subcoordinador en terreno llamó a una reunión urgente para discutir el plan de contingencia de la organización, las respuestas de emergencia y los procedimientos de “seguridad” que el personal debe seguir.

Uno de estos procedimientos era llevarse todas las pertenencias personales importantes. No lo tomé en serio y pensé que exageraba. Habíamos tenido una guerra hace tan solo dos años – no podía ser posible que tuviéramos otra tan pronto, especialmente porque había una tregua entre Hamas e Israel y este último había tenido confrontaciones serias con jóvenes palestinos en Cisjordania y los territorios de 1948.

Parece que mi mente no procesó las instrucciones de mi subcoordinador de terreno y las enterró en mi subconsciente. Dejé a propósito mi laptop en la oficina. No piensen que soy una persona descuidada, normalmente no lo soy. Tal vez era mi ilusión que el día siguiente sería tan normal como el anterior. O tal vez era un inexplicable desafío personal a mis propios miedos.

LA CASA “BAILARINA”

El martes, 8 de julio, a las 3:10 AM, desperté en la realidad.

Salté de la cama cuando la casa se sacudió – o más bien, comenzó a “bailar” como nosotros lo describimos – como resultado de un gran ataque aéreo. Las primeras palabras que dije cuando abrí los ojos de pronto fueron “Khalas (eso es todo), es la guerra”. Me apresuré a abrir el Facebook y escribí la misma frase.

Mientras escribo estas palabras, un bombardeo alcanzó una casa en nuestro barrio. Aunque no es cerca de mi casa, vi las paredes agrietarse. Tariq, mi hermano de 10 años, me dice, refiriéndose a los embates de Israel en el invierno de 2008-09 y noviembre de 2010 contra Gaza: “Ayah, la mayor parte de las paredes de la casa se agrietaron, sucedió lo mismo en las dos guerras anteriores, ¿cierto?”

Israel apunta sistemáticamente a las casas. Es obvio. El número de casas demolidas, junto con el número de muertos y heridos, sube tan rápido que es imposible escribir un número. Nuestras casas son como seres humanos, e Israel las asesina junto a las memorias de todo lo que hay a su interior. Es un asesinato serial, y me recuerda la poesía de Mahmoud Darwish: “nuestras cosas mueren con nosotros, pero no son enterradas con nosotros”.

Escribí una frase y dejé el computador y la habitación.

AMAMOS LA VIDA

Lo más terrorífico es la percepción de normalidad y familiaridad con la(s) guerra(s) en Gaza. Sucedió en 2009, 2012 y ahora en 2014, pero no debiese ser la norma. No debe pensarse que los palestinos en Gaza se han acostumbrado a la guerra. Amamos la vida.

Ibrahim al-Batsch escribió en Twitter el 26 de junio: “Finalmente terminé mis exámenes de secundaria, y rezo por tener éxito después de tanto estudio. Por favor recen por mí y todos los estudiantes”.

El último martes, 15 de julio, todos los resultados de los exámenes de la escuela secundaria serían publicados, incluyendo el de Ibrahim. Pero él, junto con otros 18 mártires, nunca los sabrían. Dos días antes del tan esperado anuncio, Ibrahim junto con su madre, padre y 15 miembros de su familia, fueron asesinados por misiles israelíes.

Otro estudiante, Belal Abu Yousef, obtuvo un 95% en su examen. En vez de recibir felicitaciones, estaba aceptando condolencias por el martirio de dos de sus hermanos, Ahmad y Mohammed.

TERRORISMO DE ESTADO

Lo que vivimos es terrorismo de Estado. El otro día, mi mamá quería visitar a mi abuela, que vive cerca. Tariq, mi hermano, le rogó que no dejara la casa. El gritó “Mamá, no salgas. Las cosas están escalando, ¿no escuchas los bombardeos? ¿No ves las noticias?

No hemos podido dormir, en especial de noche. Cuatro horas después de la invasión terrestre anunciada el jueves, me sentía muy cansada. Intenté dormir. Pero tan pronto como cerré mis ojos, empecé a imaginar un misil entrando por el techo – sin matarme, pero causándome una discapacidad de por vida. Fue un sentimiento horrible y no pude conciliar el sueño. Honestamente, siempre pensé que era fuerte. Ahora, busco un poco de mi fortaleza.

Los últimos 11 días, fui suficientemente fuerte para responderle a Tariq cuando me preguntó sobre un charco de sangre en una foto que vio en mi perfil de Facebook. Le dije que era la sangre de un ternero que fue sacrificado, pero de hecho era la sangre de niños de Gaza de la misma edad, o incluso más chicos que él.

Mientras tanto, el terror al que somos sujetos está siendo descrito en eufemismos. Tomemos como ejemplo la técnica de “roof knocking” usada por el ejército israelí. El término “misil de advertencia” ha sido ampliamente utilizada tanto en conversaciones informales como en medios de comunicación para señalar que los civiles palestinos serían advertidos de un bombardeo en camino, dando una falsa impresión sobre la moral del ejército israelí. El término correcto es “misil guía” puesto que su real función es señalar a la Fuerza Aérea israelí dónde apuntar. Es proporcionado por las cámaras de vigilancia que permiten confirmar el objetivo previsto. Después de un minuto, a lo sumo, la casa está en el suelo.

Mientras escribo, estamos en el doceavo día de este ataque asesino y mis piernas no me pueden sostener. Estamos todos hablando de una tregua, o un cese al fuego – o para ser más exactos, un fin a la agresión israelí. En cambio, escuchamos al Primer Ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, declarando el inicio de la invasión terrestre.

SABÍAMOS

Pero sabíamos de la invasión terrestre antes del anuncio formal. Escuchamos los ruidos de la artillería pesada israelí; en la televisión y las redes sociales vimos las imágenes de niños sin cabeza. Y antes de todo, escuchamos los ruidos de los drones volviéndose más fuertes de una manera loca, como si estuvieran dopados.

Su sonido y volumen se han convertido en un indicador de lo que está por venir. El jueves temprano, por ejemplo, después del “cese al fuego humanitario”, apenas podía escuchar el ruido de los drones por primera vez desde que comenzó el ataque. Ahora me perforan los oídos.

Siempre he mirado los drones durante los días del ataque. A veces, cuando no aguanto estar encerrada en la casa, voy al techo y los miro mientras mi papá me dice que vuelva porque nos pueden apuntar. (el jueves, tres niños de la fmailia Shuhaibar en el barrio de Sabra en la ciudad de Gaza fueron asesinados mientras jugaban en su techo).

Miro a los drones y pienso acerca de lo que un avión representa en cualquier otro lado. Allí, son un medio de transporte que facilita la vida de las personas. Aquí, en Gaza, son una constante fuente de peligro que puede asesinarte si te identifica como una amenaza, más fácil y rápido de lo que jamás pudieras imaginar.

Mientras tanto, Gaza está en absoluta oscuridad con la mayoría de las casas recibiendo un máximo de cuatro horas de electricidad por día, puesto que la infraestructura eléctrica ha sido muy dañada por los bombardeos israelíes. En la noche, la única fuente de luz viene de las luces de la artillería que iluminan el cielo mientras las personas son descuartizadas. Ni siquiera podré ver este texto publicado, siento que estoy muriendo sin electricidad. Cómo pasaremos estos largos días y noches encerrados en nuestra casa sin ella?

Volviendo al “cese al fuego humanitario”, vale la pena mencionar que hemos estado sofocándonos en nuestras casas. Las personas apenas salen de ellas. Aunque es Ramadán y las personas usualmente hacen compras y rezan en sus mezquitas udurante este mes sagrado, no han hecho lo mismo este año.

Muchas mezquitas, calles e incluso taxis han sido objetivos de ataques por parte de Israel. No he estado afuera, excepto durante el “cese al fuego humanitario”, puesto que mi organización internacional tenía que entregar suministros de emergencia a las personas afectadas. En mi camino, vi a muchas personas dejar sus casas durante estas horas. Iban a abastecerse de comida, retirar dinero del banco y visitar a sus familias para ver que estuvieran bien – a pesar de que saben que en un alto al fuego con Israel casi no se puede confiar.

Fue justamente en las últimas horas de esta tregua que Israel atacó áreas en Khuzaa, al este de Khan Younis.

Toda tu vida parece patas para arriba. En estos momentos, no sabes cuándo puedes dormir y cuándo despertarás. Tu sentido del tiempo se vuelve totalmente diferente. Minutos y segundos pueden (o no) separarte de la vida y la muerte, entre los seres queridos y sus fantasmas, entre una casa y sacar una foto entre sus escombros.

EMPODERARSE

Todos rezamos para que no nos convirtamos en uno de los números de Gaza. Después de sobrevivir al ataque de 2008-09 contra Gaza, durante el que me sentí tan impotente, me sumé al movimeinto palestino Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) contra Israel, lo que me dio un sentimiento de renovado optimismo y sensación de poder. También sobreviví al asalto despiadado contra Gaza el 2012. Ahora vivo el horror israelí de 2014 que coincide con el noveno aniversario del llamado al movimiento BDS y el décimo aniversario de la declaración de ilegalidad del muro del Apartheid en la Cisjordania ocupada por parte de la Corte Internacional de Justicia.

La brutalidad de Israel no solo intensifica el creciente movimiento BDS, sino que también rompe la ilusión de que después de más de veinte años de “proceso de paz” Israel tiene la intención de llegar a la paz.

No queremos la mitad o una cuarta parte de la justicia. Necesitamos justicia completa equivalente a la cantidad de sangre, destrucción y pérdida que hemos sufrido en la Franja de Gaza.

Ayah Bashir tiene un Master en Política Global de la London School of Economics and Political Science (LSE). Es miembro del comité organizador BDS en Gaza y apoya el grupo One Democratic State.

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